Un poco de historia de baloncesto

“Sr. Stebbins, ¿tienes un par de cajas, mas o menos de 18 pulgadas cuadradas?” Cuando el Dr. James Naismith hizo esta petición cotidiana un dia de diciembre 1891, no podía imaginar que iba a empezar lo que llegaría a ser el deporte de equipo más jugado y visto en el mundo.

Fue una época de cambio y tremendas novedades. El año anterior el público acudía a la ceremonia de apertura de la Torre Eiffel en Paris; George Eastman ya había presentado su nuevo carrete revolucionario, que hizo posible que fotógrafos aficionados podían llevar sus cámaras y recordar el éxito de ingeniería francés. En Londres, Inglaterra, se inauguró el primer ferrocarril eléctrico bajo tierra, mientras en Rusia el Zar puso a millones de personas a trabajar en la construcción del ferrocarril transiberiano.

Se dice que los inventores expresan las necesidades de sus tiempos, y por supuesto fue verdadero en el caso del baloncesto. Durante un tiempo el Dr. Luther Halsey Gulick, Jr., jefe de educación física en la escuela YMCA para trabajadores cristianos en Springfield, Massachussets, se había dado cuenta que sus alumnos no realizaban su entrenamiento físico durante los meses de invierno, después de jugar la temporada de fútbol y antes de la temporada de béisbol, por culpa del severo tiempo.

El programa de entrenamiento de invierno que se practicaba había sido introducido en Estados Unidos desde Europa y había sido diseñado por un antiguo jinete de circo, R. J. Roberts, que había sido influido por las teorías de Jahn, Nachtegal y Ling.

Después de la emoción del touchdown y del home run, los ejercicios en las barras paralelas y horizontales no conseguían animar a los alumnos. La idea del Dr. Gulick era mantener a los alumnos en forma cuando la nieve, el frío o la lluvia hicieran imposible jugar a fútbol, béisbol o lacrosse.

Encontrar la solución a este problema fue imprescindible para la escuela de entrenamiento de Springfield, porque el YMCA (y muchos otros clubes y asociaciones) atrajeron a un gran número de trabajadores y profesionales que querían realizar ejercicio físico y practicar deportes emocionantes.

Gulick llamó a Naismith a su despacho y le dijo que siguiera adelante con su idea de crear un juego nuevo y a la vez propuso a Naismith como responsable de las sesiones de educación física de los estudiantes rebeldes en esta materia.

La primera consideración que Naismith tomó en cuenta era el hecho de que todos los deportes de equipo se jugaban con un balón y asumió razonablemente que el nuevo deporte se jugaría con un balón. Naismith tenía una duda sobre el balón ¿debería ser grande o pequeño?. El canadiense-escoces practicó y decidió que debería ser grande, en parte porque así lo podría ver todo el mundo y además esto evitaría el uso de palos o raquetas que harían que enseñar y aprender el juego fuera mas complicado.

Después de reflexionar sobre el gran éxito del fútbol americano, Naismith estudió los elementos básicos que garantizarían el éxito del nuevo deporte.

Empezó a analizar los motivos que hacían del fútbol americano un deporte no apto para jugar en recintos cubiertos: el contacto físico y violento del fútbol americano. ¿Entonces por qué era indispensable el contacto físico?. El contacto físico era indispensable en el fútbol americano porque se permitía correr a los jugadores con la posesión del balón. Entonces llegó a la conclusión que si no se permitía correr a los jugadores con el balón el contacto físico no era necesario y no debería ocurrir y por lo tanto el deporte nuevo se podría jugar en recintos cubiertos.

El siguiente problema que se le ocurrió fue: si el jugador no podía correr con el balón, ¿cómo se puede mantener el balón (y así el juego) en movimiento? Al reflexionar sobre otros deportes, y con la intención de evitar narices rotas y otras lesiones, decidió que el balón se podía pasar o batear con una o ambas manos pero no golpeándolo con el puño ni pateándolo con los pies.

Faltaba el último paso por tomar y era el decisivo: ¿Cuál sería la meta del nuevo juego? De repente Naismith tuvo una idea, quizás inspirado por sus memorias de juventud en Bennie’s Corner en Ontario, donde solía jugar durantes horas con sus amigos detrás de la tienda del herrero y el juego más popular era el de pato en la roca (Duck on the rock): ¡Ya está! Naismith volvió a ver en su memoria la imagen de él y sus amigos tirando piedras pequeñas a una piedra mediana encima de una roca grande con el objetivo de descolocarla. Inmediatamente se dio cuenta de que si la meta del juego era horizontal en lugar de vertical los jugadores tendrían que lanzar el balón con trayectoria de arco para meterlo dentro. Mientras enseñaba en la Universidad McGill, Naismith había animado al equipo de rugby a calentar tirando balones a cajas de cartón vacías en el suelo. En el nuevo deporte la técnica y precisión valdría mucho más que la fuerza. Para impedir que un equipo pudiera rodear la meta para no permitir marcar a los oponentes (como lo habían hecho sus estudiantes en McGill, por casualidad inventando la primera defensa en zona) decidió poner la meta a una altura manejable pero fuera del alcance de los defensores. “Ya tenía un deporte de equipo”, escribió Naismith en sus memorias, “un balón y una meta”.

Solo faltaba decidir cómo empezar el juego. Pensaba mucho en todos los deportes que conocía. Todos parecían dar una oportunidad igual a ambos equipos en la posesión del balón desde el principio. La melé de rugby, el principio de un partido de waterpolo o un comienzo corriendo desde fuera de la cancha hacia la posesión del balón no parecían aptos para un deporte bajo techo en un gimnasio. Luego se acordó del saque lateral de rugby (touch) y pensó en elegir un jugador de cada equipo, así evitaba los choques violentos al principio del juego.

El mismo Naismith fue el primero en jugar un “partido”, intentando los pases y jugadas una vez tras otra la misma noche. A la mañana siguiente, de camino a su oficina en el gimnasio, vio un balón de fútbol americano y uno de fútbol (soccer) en la esquina. Naismith cogió a ambos y se dio cuenta que “su” deporte tenía que usar un balón de fútbol.

El balón de fútbol americano se había diseñado para que el jugador pudiera cogerlo fácilmente mientras corría, justo lo que Naismith quería evitar. Siguió de camino a su oficina con el balón de fútbol debajo del brazo, se encontró con Pop Stebbins, el conserje de la escuela y le pidió sí tenia 2 cajas de cartón de sobra de unos 18 pulgares cuadrados. “No, pero tengo un par de cestas de melocotones, si estos te sirviesen,” fue la respuesta de Stebbins.

Naismith las cogió el mismo y las clavó al balcón de madera que rodeaba el gimnasio de la YMCA a una altura de 10 pies del suelo (3’05 metros), cada uno a un extremo de la sala (la altura de las canastas sigue sin cambiar hasta la actualidad). Luego se fue corriendo a su oficina y en menos de una hora había escrito las 13 reglas del juego. Esperó con impaciencia mientras la secretaria de la escuela las escribia en máquina de escribir. Ya con sus 2 páginas de reglas Naismith estaba preparado para enfrentarse a los “incorregibles”, quienes estaban a punto de entrar en la clase.

Frank Mahan fue el primero en llegar al gimnasio Armory Hill ese día y vio las reglas del nuevo deporte en el tablero. Frank Mahan era un estudiante de Carolina del Norte y solía ser uno de los líderes del grupo. Leyó las reglas, vio las cestas en las paredes y dijo: “¡Vaya! otro juego nuevo”.

Cuando los 18 estudiantes de la clase habían llegado al gimnasio, Naismith les dijo que se agruparan y les prometió que sería el último experimento. Entonces eligió a Eugene Libby de Redlands, California y Duncan Patton de Montreal, Canadá como capitanes y formó 2 equipos de 9 jugadores cada uno. Luego Naismith observó cómo era el ambiente durante el primer partido de baloncesto de todos los tiempos.

Había tantas faltas y las reglas decían que cualquier jugador que cometiera una segunda falta sería expulsado y no podía jugar hasta que se marcara el siguiente tanto, así que a veces la mitad de un equipo o el otro, o ambos estaban fuera del juego. Aparte, nadie estaba seguro de lo que debían hacer. Todavía no había llegado a ser un deporte de equipo, aunque todos lo hicieran lo mejor que podían, los atacantes intentaban marcar tiros a la cesta y los defensores del otro equipo intentaban impedírselo. Había demasiados jugadores para el tamaño de la cancha (9 en cada equipo porque la clase de Naismith tenia 18 estudiantes) y en la práctica no los jugadores no diferenciaban entre atacantes y defensores, por lo que el juego parecía un descontrol.

A pesar de estos inconvenientes los estudiantes, con sus camisetas de manga corta y pantalón largo gris, estaban disfrutando y obviamente sus ánimos llegaron a los demás estudiantes quienes abarrotaron el balcón de espectadores de Armory Hill para ver el partido. Incluso Frank Mahan, el escéptico, decidió que el juego le gustaba y como prueba se llevó las 2 hojas originales de las reglas. Luego se las devolvería a Naismith justo antes de las vacaciones de navidad, una vez convencido que el juego iba a ser un éxito y dijo a su profesor que le parecía justo que unos documentos tan preciosos debían volver al buen recaudo del inventor del juego. Ni Mahan ni Naismith pensaron en apuntar la fecha del primer partido así que nadie está seguro de cuándo se disputó el trascendental acontecimiento. Posiblemente fuera el 14 de diciembre de 1891.

Ese mismo estudiante propuso el nombre para el nuevo deporte cuando volvió de sus vacaciones navideñas: “Naismith ball”. Con una sonrisa el inventor decía que tal nombre mataría al deporte para siempre. “¿Que le parece basketball?” propuso Frank Mahan, a lo cual su inventor admitió que no sería una mala idea porque había empezado con unas cestas de melocotones (baskets) y un balón (ball). El nuevo deporte ya tenía su identidad.

Solo hubo tiempo para un par de partidos antes de las vacaciones de navidad pero fueron suficientes para demostrar que la invención de James Naismith era un éxito.

El día 15 de enero de 1892, menos de un mes después de que Naismith hubiera clavado sus reglas en el tablero del gimnasio del sótano, la revista oficial del YMCA de Springfield “The Triangle”, dio su aprobación al juego y publicó las reglas y consejos del inventor para los potenciales jugadores. Esto provocó que la noticia viajara por todo el mundo inmediatamente. Se distribuyó el periódico por todos los centros del YMCA que había por el mundo y se extendió la buena noticia del nacimiento de un nuevo deporte.