El entrenador y las rotaciones

El reglamento del baloncesto permite un juego con los protagonistas que pocos deportes tienen. La posibilidad de que actúen a lo largo de un partido un mínimo de 10 jugadores y hacer con ellos un “tejer y un destejer” hasta conseguir la hechura más apropiada para obtener la victoria. Esta riqueza de posibilidades la maneja únicamente el entrenador, y es sabido que cuando se multiplican las opciones las posibilidades de error, también.

Como dice el refrán cada maestrillo tiene su librillo. Ivanovic o Aíto no mueven más de 8 o 9 jugadores; siempre castigan la mala actitud, no tanto el desacierto. Otros buscan más optimizar unos titulares y con menos rotaciones conseguir una regularidad. En todos los casos, los cambios tienen que ver con la calidad de la plantilla, la edad de los jugadores, el número de hombres competitivos, la dureza de la competición y el exceso de partidos que generalmente suman a final de temporada.

Hace unos meses, viendo estadísticas me sorprendió un partido de categoría nacional en el que la suma anotadora entre ambos equipos fue de 87 puntos. Me llamó la atención; desmenucé la información: habían jugado un total de 20 jugadores, sólo 3 habían llegado a los 30 minutos y la valoración de ambos equipos era de 71. Poniendo por ejemplo un equipo de ACB como el Gran Canaria se comprueba que llega a un promedio de 84.

Al no haber causas extradeportivas, el partido al menos se puede catalogar como aburrido. Puede darse el caso de dos entrenadores amantes del juego controlado; si es así, ¿para qué utilizar 10 jugadores? Maljkovic, en su etapa en el Limoges, jugaba ese baloncesto: fue campeón de Europa, pero no rotaba a más de 7 jugadores; era su estilo en aquel momento.

Vuelvo al partido que os estoy comentando; otro dato desconcertante, a pesar de tan lento ritmo de juego, entre los dos equipos perdieron la friolera de 35 balones. Definitivamente, nadie cogió el ritmo del partido y lo que está claro es que los jugadores no se divirtieron, tal vez por eso únicamente consiguieron un 32% en el tiro.

La Biblioteca del Basket de Zona 131 publica unos libritos que os aconsejo leer. En su número titulado `Al ataque´, habla de un entrenador de colegio americano, Arsemeault que obliga a jugar al galope; exige a sus jugadores tirar 100 veces por partido, a lanzar 30 tiros más que el contrario y alguna cosa más. Le interesa crear el caos y rota enloquecidamente a sus jugadores. Baste señalar que en la temporada 2003-2004, sólo en un partido quedó por debajo de 100 puntos.

Acertar con las normas correctas en las rotaciones influye en los planes presentes y futuros del equipo, en el temperamento de los jugadores y en el desenvolvimiento del club. Veamos algunos conceptos de cómo planificar una correcta rotación:

Deben valorarse los momentos importantes del calendario, la edad y el estado físico de los jugadores; las urgencias del club y una larga serie de variables que permitirán una correcta planificación. Un par de ejemplos, Maljkovic o Scariolo empiezan la temporada sin apretar mucho a sus jugadores, rotando aleatoriamente, incluso estudiando sus limitaciones. Su experiencia les lleva a saber que hasta la Copa y los `play-off´ no tienen prisas.

Pero esta situación generalmente no vale para entrenadores de equipos más débiles o para técnicos menos prestigiosos que deben empezar ganando y, por lo tanto, sus rotaciones estarán presididas por la urgencia. Situación contraria es la de Ivanovic: desde el primer momento a tope; sólo juega el que está al cien por cien, no hay medio lesionados, o pueden jugar o no pueden. Sus jugadores lo entienden rápidamente; sólo rota al que baja el ritmo, y el que no lo tiene no juega.

Aíto, por el contrario, planifica su programa a más largo plazo, incorpora jugadores jóvenes poco a poco y les da oportunidades más educativas que técnicas hasta conseguir que cualquier jugador se gane sus minutos en el campo a pulso y tenga claro por qué juega y por qué no.

El cansancio físico en nuestro deporte, si se juega con la intensidad apropiada, no permite estar en el campo 35 minutos seguidos, quizá ni 25. Pero solamente cuando el esfuerzo del jugador es generoso y el técnico es exigente se justifican los recambios. Jugando en un partido todos los ataques a 24 segundos y defendiendo una zonita de dejar tirar, los cambios por cansancio son la mayor prueba de un equipo pobremente entrenado.

Muchas horas en la cancha de entrenamiento no es la mejor manera de estar en forma; sólo un esfuerzo superior al partido dos días por semana como mínimo te permite unas rotaciones no condicionadas.

Por desgracia, cuando el entrenador no domina el juego, peores cambios hace; presionado por el miedo al partido, por un par de jugadores imprescindibles, por dos o tres jugadores que entran y salen sin ton ni son y por unos minutos regalados en el tiempo de la basura que ningún jugador desea, llega a no saber cómo está su equipo en cada momento. Estas rotaciones son las que generalmente les hacen olvidarse en momentos trascendentales de algún jugador importante.

Si los jugadores del equipo, los dirigentes del club, la prensa de la ciudad y los contrarios desconocen la columna vertebral de un equipo, lo normal es que el entrenador tampoco la conozca.