El caso del baloncesto libio

Suleiman Ali Nashnush fue el jugador de baloncesto más famoso de Libia. No busques sus estadísticas en Google ni tampoco intentes rastrear su ficha en los archivos de la FIBA. El único récord que podrás hallar no refleja puntos, rebotes o tapones. Suleiman fue durante algo más de un año, de 1990 a 1991, fecha de su muerte, el ser humano más alto del mundo. Era una de las doce personas que ha medido más de 8 pies (2.45 metros) y, según algunas fuentes, el jugador más alto de la historia del baloncesto. Su inmensa altura fue retratada por Federico Fellini en la película ‘Satyricon’.

La llamativa vida de Suleiman Ali Nashnush es sólo una curiosa anécdota en una historia que relata el vacío de un deporte que, como muchas otras cosas, se ha parado en Libia. La guerra civil abierta en el país norteafricano, la lucha de los ‘rebeldes’ por derrocar al dictador Muammar Al-Gaddafi con la ayuda de las bombas de Occidente, ha paralizado la competición local, considerada como una de las mejores de África desde que en 2009 se organizase en el estado mediterráneo el Afrobasket. La inclusión de diez equipos, la modernización de las infraestructuras para acoger la cita internacional y la nueva regla de permitir dos extracomunitarios ayudó a crecer a una competición que estaba liderada tras once jornadas por el actual campeón, el Ahli de Bengasi (10-1), capital de las fuerzas rebeldes. Entre los nuevos extranjeros se cuenta un entrenador serbio (Goran Mijovic), varios nigerianos y cameruneses y un base estadounidense, Jimmy Williams, jugador del Al Ittihad de Trípoli y líder de la selección de ¡Togo! Williams abandonó Libia hace casi dos meses cuando empezó la revuelta.

El regalo de la FIBA

Pero sigamos con una historia que relata la naturaleza del gobierno autoritario de Libia. Hace sólo dos años, la FIBA decidió hacerle un regalo a Muammar Al-Gaddafi. Para celebrar el 40.º aniversario de la Revolución del 1 de Septiembre que llevó al poder al ‘Coronel’, Muhammad al-Gaddafi, su hijo mayor y presidente del Comité Olímpico, lograron que FIBA África trasladase a Libia la celebración del Afrobasket que se iba a desarrollar en Nigeria, que no cumplió las exigencias impuestas por el organismo federativo. El torneo tuvo lugar durante el mes de agosto con dos sedes: Bengasi y Trípoli. Más de 70 medios se acreditaron para la cita de la que Angola salió nuevamente campeona de África.

La Federación Árabe de Baloncesto de Libia se puso manos a la obra para armar un equipo que intentara el objetivo fijado: entrar entre los tres primeros y acceder al Mundial de Turquía 2010. Y buscaron la vía más rápida dado el bajo perfil de su selección, con sólo tres participaciones en el Afrobasket desde 1962 (0-6 en la fase de clasificación). En la primavera del 2008 se pusieron en contacto con el sierraleonés Alpha Bangura, que acababa de ser elegido mejor jugador extranjero de la Copa de Campeones Árabes con el Sagesse-Al Hekmeh del Líbano. El escolta, criado en Estados Unidos, aceptó la oferta de capitanear la selección ‘verde’. No queda aquí el ‘traspaso’. La federación dio carta blanca a Bangura para que ‘reclutara a nuevos líbios’ que se unieran a la causa. “En un principio no sabía que iba a tener tanta responsabilidad, pero me dieron mucha libertad en la toma de decisiones y pude traer a los chicos que pensaba podrían ayudarnos a dirigirnos hacia nuestro objetivo”, declaró Alpha en el ‘Washington Post’.

Dicho y hecho. Bangura, excelso anotador y matador (campeón del concurso de mates de la CBA y en la Liga japonesa) sacó su agenda y empezó a hacer llamadas. Tenía muchas opciones (entre ellas el ‘montenegrino’ Omar Cook, con el que coincidió en St John’s). Alpha es todo un internacionalista y en 2009 había vestido 18 camisetas diferentes y participado en competiciones de ocho países distintos, incluyendo una estancia en Tenerife (14 partidos en la LEB 2005-06) y otra en el Benfica portugués.

Antes de nada, el africano hizo suya una costumbre extendida en la familia Gaddafi y contrató a su hermano Osman como entrenador asistente y a su primo Alhaji Bah le nombró jefe de operaciones de la ‘selección’. También recordó al que había sido su entrenador en la universidad de Monmouth, Kevin Nickelberry. Entre ambos comenzaron a trabajar con un grupo de 20 jugadores locales y en octubre disputaron la Copa Árabe con dos victorias (Arabia Saudí e Iraq) y dos derrotas (Argelia y Túnez).

Pero había que añadir a más viejos conocidos para hacer un equipo más fuerte. Así, se unieron al proyecto otros estadounidenses con ánimo aventurero y con el que había coincidido en diferentes etapas de su carrera. Nickelberry contactó con Mike Scott, con el que se había enfrentado en la NCAA, y Vernon Hamilton, al que había entrenado en la Universidad de Clemson. Bangura hizo lo mismo y se trajo a Trípoli a sus antiguos colegas: Lamar Butler, con el que acababa de jugar en los Baskerville Jam de la NBDL, y Hiram Fuller, excompañero en los North Charleston Lowgators de la NBDL, y Ryan Holcomb, en los Atléticos de San Germán en Puerto Rico y conocido en España tras su paso por Badalona y Cáceres. Finalmente, sólo he localizado que estos dos últimos, ambos pivots y exNBA, se nacionalirían (si no me equivoco, la FIBA sólo permite en su reglamento un ‘nacionalizado’) y disputarían el campeonato africano bajo los nombres de Hesham Salem y Raed Elhamali, respectivamente. Bangura, según la ficha de FIBA.com, pasaba a denominarse Alfath Mohamed Belgasem y ni necesitó sacarse el pasaporte libio. De repente, había nacido en Trípoli.

La selección libia del Afrobasket 2009

La ‘nueva’ Libia, con once jugadores y siete de raza negra (ver foto), logró pasar al siguiente escalón tras vencer un partido en la fase de grupos (a Suráfrica en el partido inaugural 88-72) jugada en Bengasi, pero cesó en su camino hacia Turquía 2010 al sólo superar a Egipto y verse abocada a la lucha por el noveno puesto. Finalmente, el combinado se conformó con un undécimo lugar tras sumar su tercer triunfo ante Marruecos. Hiram Fuller terminó como el segundo mejor reboteador y elegido en el segundo equipo del torneo haciendo pareja interior con Boniface Ndong.

Tras el experimiento, Holcomb fichó por el Cáceres, Fuller siguió jugando en Venezuela y Bangura continuó dando vueltas como una peonza por el mundo. Hace sólo unas semanas, cuando el conflicto afloraba en la costa libia, se marchó del Aníbal libanés para conocer una nueva liga, la filipina.